Cuando nos sumergimos de lleno...


Cada vez que me propongo hacer un proyecto en madera ocurre lo mismo: empiezo pensando la idea del objeto, viendo ejemplos, haciendo un boceto, escalando hasta un diseño, y entónces ocurre... me encuentro con la naturaleza misma de la carpintería, la complejidad de sus diferentes modos, el objetivo que me orientará (ser práctico, preciosista, robusto, complejo, endeble, rápido, común y sencillo...) el efecto que causará en el cliente, en su uso, en el tiempo, en su presentación. Se me plantea allí el origen que dejaré impulse mi proyecto, el límite que le pondré al juego, a la experimentación. 

Es un punto donde es fácil asustarse por miedo a que empezar con el pié equivocado nos de como resultado malas presentaciones, soluciones que no agraden al cliente, e incluso que si pero no nos satisfagan a nosotros, tiempo perdido, reinicios con pérdida de rentabilidad, el temor a arruinarlo en sus momentos finales. La madera es un elemento vivo, sensible, que absorbe tanto los tratamientos como las limitaciones de nuestras decisiones, sean buenas o no. Nos muestran como trabajamos, como nos acercamos, como las respetamos, que tan seriamente nos comprometemos. Nos muestran, punto.
Por eso me gusta la carpintería: puede mostrarnos lo bien que estamos, lo que nos atrevemos a experimentar, que tan seriamente llegamos a comprometernos, lo que avanzamos, lo que nos falta, y en algun punto termina mostránfonos nuesto lugar en el mundo, si este se conforma y se estanca, o si aprendemos y avanzamos. 
Y en la medida que encontramos que nos gusta lo que vemos, aprendemos a querernos, a valorarnos.

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